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| Álvarez Balastegui está desde ayer en Oviedo, atareado en la preparación del perfume del campeonato de coctelería que organizará Hostelería de Asturias previsiblemente en octubre, y que está llamado a ser una referencia en España. Balastegui se arriesgó a definir lo que en un futuro podría ser el perfume de Asturias. Precisó, en primer lugar, que no es tarea fácil. Asturias no tiene un único paisaje. Hay muchas imágenes posibles de la región, y por ello incluye un gran número de aromas y también de sensaciones, Pero a pesar de la complejidad que entraña esta empresa, Álvarez Balastegui recurrió de inmediato al frescor de la brisa marina, a los aromas relajantes y peculiares del carbayu, líquenes, helechos, a las colas de caballo que crecen en los arroyos, y también a las puntas de los abetos. No olvidó para su fórmula magistral ni los tilos ni la flor del sauco, y, naturalmente, tampoco la manzana. «Todos ellos tienen aromas balsámicos y denotan al mismo tiempo la frondosidad de la naturaleza y la abundancia de agua que hay en Asturias», explica el inventor de perfumes. Advirtió de que, más que un perfume lo que haría con todos estos componentes es crear un aroma para una estancia, y que de esta manera al cerrar los ojos recordara a quienes la oliesen el paisaje de Asturias y los invitara a «estar en armonía con la naturaleza», y facilitara la relajación. El perfume del paraíso natural. ¿Y cómo lo relaciona con el mundo del coctel? «Basándome, precisamente, en las tres ninfas que custodiaban el mitológico Jardín de las Hespérides: una es la Brillante, otra la Roja y la última el Crepúsculo. Se corresponden, una a una, con las notas blancas, rojas y doradas que son las del sol cuando se pone en el horizonte». El autor sostiene que, a partir del momento en el que consiguió hacerse con esta idea, todo fue rodado. «Primero, té blanco, porque la mujer se sentirá a gusto con él; después le ponemos la nota exótica de la vainilla, que aportará el glamour. Y, como un perfume para que sea bueno tiene que llamar la atención, pensé en que tenía que estar basado en Asturias». En lo primero en lo que pensó a la hora de idear el perfume fue «en la manzana roja; después, en los arándanos y grosellas, que van a dar la sensación de que quiero comer. Trato de que el perfume le guste a una franja de edad que esté comprendida entre los 18 y los 45 años». Balastegui tiene toda una trayectoria innovadora acumulada en su currículum. Empezó haciendo aromas para el hogar hasta que reparó en que muchas personas criticaban los perfúmenes sintéticos y fríos que había en el mercado. Fue entonces cuando decidó comenzar a hacer una perfumería diferente. «Tal vez la diferencia fundamental con otros colegas radique en que yo necesito un argumento cerebral. Si no es así, yo no sé hacer un buen perfume». Con su Tranta revolucionó el mundo de la perfumería. «Es el que utiliza Sharon Stone, y me lo imaginé cómo iba a quedar y acerté, igual que con el que hice para Oviedo». Entre las diversas actividades que ha realizado Balastegui está la recreación de cuál podía ser el aroma propio del Egipto de los faraones. Antonio Álvarez Balastegui aunque nació en Barcelona fue engendrado en Sevilla. Presume de ello y no es para menos si se tiene en cuenta que su vida gira en torno a los olores. Los secretos Para elaborar un perfume primero necesita un argumento cerebral. Después repara en los aromas que se encuentran en el entorno que rodea a la idea. El resto es cuestión de intuición y mucho trabajo. |